Somos una masa informe de opiniones absurdas respecto a cosas metafísicamente inútiles, asique vamos a enzarzarnos en una lucha de opiniones a patadas. Y me pido las botas con pinchos.
A lo mejor todos estos conceptos vienen de la mente de una persona sin cultura, invadido por la necesidad de velocidad e insensibilizado por las horas pasadas frente a la pantalla recopilando mnemos que le han ido robando la infancia con cada carcajada. Pero creo que nos estamos volviendo todos locos. Enlatamos la vida, el conocimiento, la salud, el amor y el arte para tomarlo en dosis que acaban empachando, y lo que es peor, aburriendo.
El arte, la comunicación en general están hechos, o mas bien desarrollados, para crear impacto, inquietud en el receptor. Desde las pinturas prehistóricas hasta la enorme cantidad de gilipolleces que las vanguardias descargan en nuestro córtex. Y la solución, jovencitos wannabes, no es considerarse un poeta y un bohemio, beber güisqui rebajado con el zumo del super y hacer fotos con la cámara de papá. Pero tampoco está en la representación obscena de un concepto surgido de la mente de un buscavidas sobrepagado.
A mi humilde y desquiciado entender, se halla en la inquietud mental, en la necesidad de hacer pensar, en la obsesión, la pasión cegada por el mensaje recibido y el fin del uso del arte como material de usar y tirar.
Propongo dejar de desarrollar gilipolleces, plantar los pies en la tierra, y ponerse a soñar.
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